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martes, 15 de octubre de 2013

¿Por qué probamos las drogas?




                                  Porque podemos aprender a decir NO

Actualmente,  vivimos en una cultura en la que las estamos en contacto directo e indirecto con las adicciones. Las adicciones comúnmente relacionadas con las drogas, no siempre están ligadas a sustancias, hoy por hoy se sufren adicciones a Internet, a las compras compulsivas, al sexo, al juego entre otros.
En esta entrada nos centraremos en cómo se inicia el consumo de drogas, debido a la alta accesibilidad que tenemos en este momento y a la alta prevalencia de consumo en nuestra sociedad. Sin entrar en el debate de a qué sustancia consideramos drogas y a cuales no, es cierto que en la juventud existe un riego mayor a iniciar el consumo de sustancias.

El consumo de drogas en España es uno de los principales problemas para la salud
Pública, el alcohol y el tabaco son las sustancias más consumidas por los escolares. Lo qué nos hace preguntarnos;

¿Por qué? Y ¿Qué podemos hacer para prevenirlo?.

El contacto de los jóvenes con las diferentes drogas se produce en edades tempranas.
El tabaco es la sustancia con la que los escolares tienen un contacto más temprano, situándose la edad media del inicio al consumo en los 13,2 años, seguido del alcohol (13,6 años) y el cannabis (14,8 años). La cocaína es la droga cuyo consumo da comienzo a edades más avanzadas (15,7 años)., (Datos obtenidos de la Encuesta sobre Drogas a la Población Escolar del año 2000, realizada por el Plan Nacional sobre Drogas (2001))



El consumo de drogas está influido por un gran número de componentes. Cuantos más factores de riesgo tenga la persona, mayor probabilidad habrá de que consuma drogas, denominamos factores de riesgo aquellas circunstancias o características personales o ambientales que, combinadas entre sí, podrían resultar predisponentes o facilitadoras para el inicio o mantenimiento del uso y abuso de drogas. Los factores de protección se definen como aquellas variables que contribuyen a modular o limitar el uso de drogas.  Cuantos menos factores de riesgo estén presentes y más incidamos en los que son capaces de reducir su vulnerabilidad (factores de protección)  menos probabilidad habrá de que consuma drogas.
A través de la socialización el individuo tendrá una personalidad que se irá manifestando con una serie de rasgos comunes a lo largo de la vida y otros que pueden cambiar. Sabemos que ciertos rasgos de la personalidad, como por ejemplo la extraversión y la búsqueda de sensaciones están relacionados con el posterior consumo de drogas, pero nada en sí mismo es determinante.

Relacionado con lo anterior, hay dos factores de gran relevancia; uno de ellos es la disponibilidad, el coste y la facilidad de obtención de drogas. Y, el otro, la vida de ocio, esta se ha incrementado de modo acusado en las últimas décadas. El consumo de alcohol y ciertas drogas ilegales y legales va en gran parte unido a esta forma de ocio. La presencia de amigos consumidores o no consumidores en este ambiente es un elemento preventivo o predisponente del consumo.

Otros elementos intermedios que explican que una persona pruebe o no una sustancia son las estrategias de afrontamiento que tiene. Desarrollar estrategias de autocontrol es de gran relevancia aquí. El estado emocional a veces consecuencia de lo anterior, si este es negativo la posibilidad de tener problemas es alta.

Una vez que la persona ha consumido o no una determinada sustancia, el continuar consumiendo o seguir sin consumir va a depender de las consecuencias que ello tenga, tanto de tipo personal como de sus amigos o familia.

Es por todo lo anterior, y por la gran problemática de consumo que tenemos actualmente en nuestro país y en nuestra juventud, que la prevención es un deber prioritario, desarrollar programas en los colegios debe ser un objetivo a corto plazo para poder remitir el alto consumo y modificar la visión cultural de las drogas actualmente.



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lunes, 14 de octubre de 2013

Estrés Vs Relajación.

El estrés es un hecho habitual en nuestras vidas. No puede evitarse, ya que
cualquier cambio al que debamos adaptarnos representa estrés. Sin embargo, al pensar en hechos estresantes, siempre acuden a la mente sucesos negativos como daño, enfermedad o muerte de un ser querido, sin tener presente que un suceso positivo puede resultar igualmente estresante; así, cambiar de casa o ascender en el trabajo traen consigo el estrés de un nuevo estatus y de nuevas responsabilidades.Incluso enamorarse puede representar, para algunas personas, el mismo grado de estrés que romper una relación de este tipo. 


Nuestras experiencias estresoras provienen de tres fuentes básicas: nuestro entorno, nuestro cuerpo y nuestros pensamientos. 

El entorno nos bombardea constantemente con demandas de adaptación, viéndonos obligados a soportar el ruido, las aglomeraciones, las exigencias que representan las relaciones interpersonales, los horarios rígidos, las normas de conducta y muchas otras amenazas a nuestra seguridad y autoestima.

La segunda fuente de estrés es fisiológica: los momentos difíciles que
representan la adolescencia, el envejecimiento, la enfermedad, los accidentes, las restricciones de la dieta, los trastornos del sueño, etc., todas son circunstancias que afectan al organismo. Las amenazas que provienen del ambiente también producen en nuestro cuerpo unos cambios que son estresantes por sí mismos. Así, nuestra forma de reaccionar ante los problemas está determinada todavía por una actitud innata de lucha o huida heredada de nuestros antecesores más primitivos. Nuestros predecesores, a través de un proceso de selección natural, fueron transmitiendo todas aquellas características físicas que pudieran representar en un mundo competitivo y hostil, una ventaja sobre sus enemigos. Como resultado de este proceso, poseemos dentro de nuestro entramado bioquímico la tendencia innata a prepararnos para luchar o para huir siempre que nos sentimos amenazados.Cada vez que se emite una respuesta de este tipo, tienen lugar en nuestro organismo, de modo esquemático, los siguientes cambios: cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes, los centros de regulación dan al organismo la información que le conducirá a enfrentarse o a escapar de la amenaza.
Este proceso se traduce en una serie de cambios físicos observables; así, por
ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza. Los músculos se tensan para responder al desafío, la sangre es bombeada hacia el cerebro para aumentar la llegada de oxígeno a las células y favorecer así los procesos mentales que están ocurriendo. Las frecuencias cardíaca y respiratoria aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y hacia el tronco, las extremidades, sobre todo las manos y los pies, se perciben frías y sudorosas. Si no se libera al organismo de estos cambios ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración de la amenaza, se entra en un estado de estrés crónico. Cuando uno se siente estresado y se añade aún más estrés, los centros reguladores del cerebro tienden a hiper-reaccionar ocasionando desgaste físico, crisis de llanto y, potencialmente, depresión y muerte.
Unos veinticinco millones de americanos padecen hipertensión, y la mitad de
ellos ignora este hecho. El fenómeno se debe, entre otras causas, a que un estado crónico de “lucha o huida” puede transformar una presión sanguínea
transitoriamente alta en una presión permanentemente alta, lo que se conoce como hipertensión.
Se ha encontrado igualmente relación entre el estrés y muchos otros
padecimientos físicos tales como dolor de cabeza, úlcera péptica, artritis, colitis,diarrea, asma, arritmias cardíacas  problemas sexuales, trastornos circulatorios(manos y pies fríos), tensión muscular, e incluso cáncer.

La tercera fuente de estrés proviene de nuestros pensamientos. El modo de
interpretar y catalogar nuestras experiencias y el modo de ver el futuro pueden servir tanto para relajamos como para estresarnos. Por ejemplo, una mirada agria del jefe puede interpretarse como reprobatoria de nuestro trabajo y provocar, por tanto, ansiedad, o bien entenderse como un signo de cansancio y de preocupación por problemas de índole personal y no resultar motivo de temor. Pensar sobre los problemas produce tensión en el organismo, lo cual crea, a su vez, La sensación subjetiva de intranquilidad, que provoca pensamientos todavía más ansiosos, cerrándose de esta manera el círculo. 


No se puede escapar de todas las situaciones estresantes que hay en nuestra vida ni evitar completamente nuestra respuesta innata a las amenazas, pero si podemos aprender a contrarrestar nuestras reacciones habituales al estrés, aprendiendo a relajarnos.


Los distintos centros del cerebro que aceleran nuestros procesos bioquímicos
cuando estamos en estado de alerta pueden, de igual modo, ser estimulados paraque enlentezcan dichos procesos.
Hemos visto cuál era la respuesta del organismo ante una amenaza; pues bien,la respuesta de relajación es su opuesta y es Ia que devuelve al organismo su estado natural de equilibrio. Así, las pupilas, el oído, la presión de la sangre, los latidos del corazón, la respiración y la circulación vuelven a la normalidad y los músculos se relajan.
La respuesta de relajación tiene un efecto de recuperación y representa una
tregua para el organismo a los estímulos externos, evitando utilizar toda nuestra energía vital en reaccionar de forma excesiva ante tales estímulos, lo que nos llevaría a un punto en que nos veríamos desbordados por ellos. 

La relajación normaliza nuestros procesos físicos, mentales y emocionales.










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