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miércoles, 26 de marzo de 2014

Toc Toc



"Le molestaba mirar sus manos. No le gustaban. Estaban demasiado estropeadas, demasiado escamosas, demasiado insensibles... Y todos los días, cada uno de los días, se lavaba las manos una y otra vez... y de vuelta otra vez, y otra vez... y otra vez. Un minuto, dos, tres, una hora, dos horas..hasta quedarse tranquila, segura y confiada de que el jabón borraba toda posibilidad de contaminación... Le molestaba mirar su cuerpo. No le gustaba. Lo encontraba áspero, repugnante al tacto, repugnante a la vista... Y todas las noches, cada una de las noches, noche a noche, día tras día, entraba en el cuarto de baño para lidiar con el ritual de la ducha y el repaso lento, atento y ansioso de su cuerpo con abundantes cantidades de alcohol hasta conseguir, no siempre, alejar toda duda de contaminación...Evitaba abrazos, besos, saludos de manos, roces. Huía de reuniones, restaurantes, invitados. Se alejaba de cualquier contacto, de cualquier cercanía, de cualquier compromiso. Se llamaba María." 

                                                
                                                                          Imagen tomada www.eclipsesoluciones.es


Buenos días, hoy os acercamos a un trastorno bastante popular, decimos popular por lo llamativo que es en cuanto a sintomatología, el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). 

Este trastorno es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por las obsesiones y las compulsiones. 
Según Rachman y Hodgson (1985): "Las obsesiones son pensamientos persistentes, imágenes, impulsos, ideas  o afectos que son experimentadas como inapropiadas y que generan ansiedad significativa, que resultan inaceptables para quien las padece. A pesar de reconocer la irracionalidad de los pensamientos que irrumpen en su mente, las personas intentan resistirse a ellos sin éxito. El resultado es la sensación de falta de control y un alto grado de malestar subjetivo"

El individuo tiene la sensación de que las obsesiones son ajenos a él, fuera de su control y no son "normales". Sin embargo, racionalmente saben que son fruto de su propia mente. 

Por otra lado, las compulsiones son comportamientos que se realizan para prevenir o disminuir la ansiedad y malestar que generan las obsesiones. Al los que se recurre de forma frecuente y la persona siente un impulso de realizarlo tanto para disminuir, prevenir el malestar de su obsesión o por miedo a que ocurra el contenido de su obsesión. Estas compulsiones pueden ser rituales abiertos o encubiertos. Los rituales abiertos, son los más llamativos comprobaciones, rituales de lavado, comprobar, repetir frases, ordenar ...), mientras que  encubiertos son más discretos, pero no por ello menos limitantes  (repetir palabras o frases, rezos, cuentas mentales...).


Las compulsiones que en un principio parecen ser soluciones para aliviar el malestar, paradojicamente resultan ser lo que mantiene el trastorno, la exposición a la obsesión y a la ansiedad que genera sin realizar la compulsión menguará la ansiedad que generan estas obsesiones al comprobar que no ocurre el pensamiento o la obsesión temida. 


Hablar de este trastorno en una entrada de blog se queda corto, pero queremos acercaros a este tipo de trastornos que ocurre con mayor frecuencia de la que pensamos. Las personas que se hayan sentido identificadas o tengan un familiar que pueda sufrir este trastorno, se puede solucionar poniéndose en manos de profesionales que guíen este proceso. 












lunes, 14 de octubre de 2013

Estrés Vs Relajación.

El estrés es un hecho habitual en nuestras vidas. No puede evitarse, ya que
cualquier cambio al que debamos adaptarnos representa estrés. Sin embargo, al pensar en hechos estresantes, siempre acuden a la mente sucesos negativos como daño, enfermedad o muerte de un ser querido, sin tener presente que un suceso positivo puede resultar igualmente estresante; así, cambiar de casa o ascender en el trabajo traen consigo el estrés de un nuevo estatus y de nuevas responsabilidades.Incluso enamorarse puede representar, para algunas personas, el mismo grado de estrés que romper una relación de este tipo. 


Nuestras experiencias estresoras provienen de tres fuentes básicas: nuestro entorno, nuestro cuerpo y nuestros pensamientos. 

El entorno nos bombardea constantemente con demandas de adaptación, viéndonos obligados a soportar el ruido, las aglomeraciones, las exigencias que representan las relaciones interpersonales, los horarios rígidos, las normas de conducta y muchas otras amenazas a nuestra seguridad y autoestima.

La segunda fuente de estrés es fisiológica: los momentos difíciles que
representan la adolescencia, el envejecimiento, la enfermedad, los accidentes, las restricciones de la dieta, los trastornos del sueño, etc., todas son circunstancias que afectan al organismo. Las amenazas que provienen del ambiente también producen en nuestro cuerpo unos cambios que son estresantes por sí mismos. Así, nuestra forma de reaccionar ante los problemas está determinada todavía por una actitud innata de lucha o huida heredada de nuestros antecesores más primitivos. Nuestros predecesores, a través de un proceso de selección natural, fueron transmitiendo todas aquellas características físicas que pudieran representar en un mundo competitivo y hostil, una ventaja sobre sus enemigos. Como resultado de este proceso, poseemos dentro de nuestro entramado bioquímico la tendencia innata a prepararnos para luchar o para huir siempre que nos sentimos amenazados.Cada vez que se emite una respuesta de este tipo, tienen lugar en nuestro organismo, de modo esquemático, los siguientes cambios: cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes, los centros de regulación dan al organismo la información que le conducirá a enfrentarse o a escapar de la amenaza.
Este proceso se traduce en una serie de cambios físicos observables; así, por
ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza. Los músculos se tensan para responder al desafío, la sangre es bombeada hacia el cerebro para aumentar la llegada de oxígeno a las células y favorecer así los procesos mentales que están ocurriendo. Las frecuencias cardíaca y respiratoria aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y hacia el tronco, las extremidades, sobre todo las manos y los pies, se perciben frías y sudorosas. Si no se libera al organismo de estos cambios ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración de la amenaza, se entra en un estado de estrés crónico. Cuando uno se siente estresado y se añade aún más estrés, los centros reguladores del cerebro tienden a hiper-reaccionar ocasionando desgaste físico, crisis de llanto y, potencialmente, depresión y muerte.
Unos veinticinco millones de americanos padecen hipertensión, y la mitad de
ellos ignora este hecho. El fenómeno se debe, entre otras causas, a que un estado crónico de “lucha o huida” puede transformar una presión sanguínea
transitoriamente alta en una presión permanentemente alta, lo que se conoce como hipertensión.
Se ha encontrado igualmente relación entre el estrés y muchos otros
padecimientos físicos tales como dolor de cabeza, úlcera péptica, artritis, colitis,diarrea, asma, arritmias cardíacas  problemas sexuales, trastornos circulatorios(manos y pies fríos), tensión muscular, e incluso cáncer.

La tercera fuente de estrés proviene de nuestros pensamientos. El modo de
interpretar y catalogar nuestras experiencias y el modo de ver el futuro pueden servir tanto para relajamos como para estresarnos. Por ejemplo, una mirada agria del jefe puede interpretarse como reprobatoria de nuestro trabajo y provocar, por tanto, ansiedad, o bien entenderse como un signo de cansancio y de preocupación por problemas de índole personal y no resultar motivo de temor. Pensar sobre los problemas produce tensión en el organismo, lo cual crea, a su vez, La sensación subjetiva de intranquilidad, que provoca pensamientos todavía más ansiosos, cerrándose de esta manera el círculo. 


No se puede escapar de todas las situaciones estresantes que hay en nuestra vida ni evitar completamente nuestra respuesta innata a las amenazas, pero si podemos aprender a contrarrestar nuestras reacciones habituales al estrés, aprendiendo a relajarnos.


Los distintos centros del cerebro que aceleran nuestros procesos bioquímicos
cuando estamos en estado de alerta pueden, de igual modo, ser estimulados paraque enlentezcan dichos procesos.
Hemos visto cuál era la respuesta del organismo ante una amenaza; pues bien,la respuesta de relajación es su opuesta y es Ia que devuelve al organismo su estado natural de equilibrio. Así, las pupilas, el oído, la presión de la sangre, los latidos del corazón, la respiración y la circulación vuelven a la normalidad y los músculos se relajan.
La respuesta de relajación tiene un efecto de recuperación y representa una
tregua para el organismo a los estímulos externos, evitando utilizar toda nuestra energía vital en reaccionar de forma excesiva ante tales estímulos, lo que nos llevaría a un punto en que nos veríamos desbordados por ellos. 

La relajación normaliza nuestros procesos físicos, mentales y emocionales.










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